En Carora existen miles de lugares extraños que usted amigo lector no conoce y ni siquiera se imagina. Usted puede pasear tranquilamente por la calle en la seguridad de andar por espacios íntimos, sicológicamente bien ubicado y anímicamente predispuesto para el saludo y la conversación confiada sin pensar que está rodeado de amenazas terribles que pueden cambiarle la vida en un instante. En cada esquina se ocultan peligros y desde cada acera está vigilado constantemente por gente que tiene planes secretos en su cabeza. En todos los patios traseros existen instrumentos extraños y hasta perversos que las familias van apilando lentamente esperando el tiempo de usarlos sin misericordia en contra de alguna persona que se atreva a violar algunas normas ancestrales dictadas por los primeros pobladores de este valle reseco.
No piense usted que detrás de saludo pausado y la mirada quieta del caroreño descansa una mente sosegada pendiente únicamente de vencer el calor y el aburrimiento , en el fondo de cada habitante de esta ciudad existe una caballero andante dispuesto a lanzarse contra cualquier desprevenido que olvide los modos usuales de comportamiento. Si usted está recién llegado a esta ciudad le aconsejamos que trate a todo el mundo con un máximo de respeto, incluso hágase el simpático, pregunte por la familia de su interlocutor como si en verdad le importara mucho la respuesta, hable de la importancia que tiene el vivir en esta ciudad apacible, finja que se siente como en casa, no evada ninguna interrogante porque a usted lo están investigando para decidir sobre su destino.
Cuando camine por las aceras no se detenga a mirar por las ventanas porque detrás de cada una, detrás de las celosías están unos ojos abiertos que solamente esperan cruzarse con los suyos para invadirle el alma y secuestrarle los deseos. Si de pronto siente pasos que lo siguen no se voltee porque no podrá ver a nadie y el pánico le convertirá en presa fácil de algún ser de los submundos, corra a toda velocidad mientras en voz alta rece un avemaría y pida auxilio a la santísima trinidad porque detrás suyo no camina una presencia humana sino un fantasma buscando compañía Es común que visitantes venidos de ciudades más grandes al ser recibidos en casas coloniales pidan caminar su interior, sin sospechar ni remotamente que dentro de las gruesas paredes hay osamentas de seres que todavía deambulan por los corredores buscando explicación de por qué los rezos antes que elevarlos los amarran al barro de una tristeza eterna y sin llanto. Si le da por tocar el friso de pronto escuchara un sonido hueco y es que ha dado con el escondite de una botija contentiva de morocotas , pero no intente extraerla de su lugar sellado porque cada botija está custodiada por el alma en pena de alguien que está del otro lado pero que dejò en este mundo un montón de compromisos pendientes que usted tendría que asumir a cuenta de las monedas de ultratumba y esos compromisos, créalo, son compromisos hechos casi siempre con el señor del rabo y la candela.
El caroreño de manera planificada aparenta ingenuidad y hasta inocencia, sus cadencias verbales que parecen cómodos chinchorros invitan a una conversación deslastrada de prejuicios semánticos, pero si usted se deja hipnotizar por estos juegos orales está a punto de poner el pie en arenas movedizas donde no podrá salir por cuenta propia sino que necesitara del auxilio de varios siquiatras para poder restablecer su ego.
Por ejemplo si usted conversa con Cécil Álvarez se puede imaginar que el intercambio de ideas es a unos 200 metros por hora, pero resulta que sus pensamientos viajan a la velocidad del sonido, su tartamudeo es un simulacro para poder calibrar las intenciones de su interlocutor y ponerlo en la balanza de un tarot sobre base de pergamino egipcio que guarda en un escondite que ni Yuyita conoce. Si habla con Edgar Páez puede usted suponer que trata con un hombre pacífico, buen comedor de olleta y embutidos, pero no se imagina que el doctor Páez lo está mirando desde un balcón intelectual donde únicamente tienen pase inteligencias destacadas a nivel mundial, el habla con usted y semeja estar a su altura pero si uno es detallista se puede percatar que su humildad es una puerta falsa y que en su mente está instalada la Duquesa que hizo mofa cruel del inocente Don Quijote.
Por cada caroreño se puede poner un ejemplo donde con perfección se describe una dualidad entre lo topológico y lo críptico. Lo mismo sucede con los espacios físicos , usted anda por una plaza , por una calle , por una acera , frente a un parque y piensa que está ubicado en instancias urbanas perfectamente determinadas , pero en Carora no hay plazas , ni calles ,ni parques , Carora es un inmenso cementerio de almas en pena y para rescatarla de la candela Dios ha enviado músicos y poetas con la intención de elevar su espíritu por los caminos del cielo.
Carta de Cecilia
Cecilia Alvarez Riera, hija de Cecil y Yuyita, está en Alemania perfeccionando el manejo del idioma de ese país. Según el sabio Briceño Guerrero es una de las mejores alumnas que ha tenido. Cecilia envió una carta a su familia. Sin autorización y sin comentarios entrego un extracto de ella para que compartan las bondades de su talento y de su fibra caroreña:
Quiero decirles que aunque quisiera estar allá, estoy aquí viviendo cosas increíbles; estoy aprendiendo a ver y a tolerar una manera de vivir distinta, estoy aprendiendo a tratar a personas con actitudes tan diferentes pero a la vez con los mismos sentimientos, los mismos sueños y las mismas ganas. ¡Qué extraños somos los seres humanos! Tan diferentes por fuera pero tan parecidos por dentro! Y todos con una misma misión. Pero lo más importante de todas las cosas que he visto o aprendido, es que los alemanes en realidad no están peleando unos con otros, ahora que entiendo un poco más lo que dicen puedo darme cuenta de que tan sólo están hablando de futbol, o de comida, o de cualquier cosa. Esto es increíble, siempre creí que se estaban regañando. Lo que quiero decir con todo esto es que a pesar de lo maravilloso que pueden ser otros mundos, a pesar de lo asombroso e interesante que es viajar, siempre querré volver a mi pueblo, siempre querré regresar a Carora y estar con ustedes, mi hermosa familia.
Les he hablado a los alemanes sobre cada uno de ustedes (Sí papá, lo hago en alemán, como puedo. Sé que te lo estas preguntando) y de la familia, y es increíble ver la impresión que esto les causa (generalmente aquí las familias son pequeñas) y lo que más les impresiona es que allá, en Carora, las generaciones quedan siempre unidas. Nosotros no distinguimos mucho entre primos hermanos, primos segundos o primos terceros; para nosotros todos somos simplemente primos, y en mi caso, por ejemplo, veo a los jóvenes como mis primos y a los viejos como mis tíos (me atrevo a decir esto porque no estoy presente, por lo tanto no podrán reclamarme).
Eso aquí llama mucho la atención porque, a veces, los lazos quedan cortados y lanzados al olvido. Se olvidan entre primos y a veces, incluso, se olvidan entre hermanos. No quiero generalizar, pero sí es esto lo que visto y sentido viviendo entre alemanes. Por esto doy tantas gracias a Dios, por permitirme estar en esta misma cuna, por darme la sensación de que en verdad pertenezco a algo, a algo sumamente importante y valioso: esta familia.
Cecilia Alvarez Riera
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