Ser Periodista

 Dedico a todos mis colegas
                    Ser periodista es también ser escritor o narrador, es tomar lo cotidiano y transformarlo en una pieza de trabajo que engrane en el incesante y fatigoso movimiento de la Historia Humana.



                        Es verdad que los periodistas de alguna manera tenemos una alianza con el Diablo Cojuelo de Luis Vélez de Guevara, mediante la cual tenemos potestad y autorización de observar el drama humano desde la posición privilegiada de invisibles atalayas, pero es también cierto que los periodistas somos custodios del alma colectiva y en el inmenso y complicado taller de la conciencia pública usamos la palabra como instrumento inacabado en busca  de elusivas verdades.



                        En Venezuela buscar verdades es algo similar a buscar estrellas en mitad de una tormenta marina, solamente sentimos los embates  de fuerzas embravecidas, una embarcación sujeta siempre a naufragar y una angustia atenazante y despiadada. Sufrimos los venezolanos un profundo desconcierto, hemos estirado la paciencia  hasta el límite de una tolerancia pervertida, por ello la rabia se está apoderando de nuestro cuerpo social y como alternativa se nos ofrece la banalidad o el continuismo.
                        Los periodistas libramos cotidianamente una batalla frontal y decidida contra este laberinto sin salidas, hemos convertido a la palabra, escrita, verbalizada, gritada o implotada en las entrañas del desespero, en una espada flamígera y solitaria para enfrentarnos a discursos reiterativos y facilistas, discursos que para colmo del desconcierto nacional son manoseados por los  distintos dirigentes políticos como si fueran prendas de vestir en un  festival de ingeniosos remedos,  sobre este escenario confuso que pudiéramos darle coreografía y musicalizarlo con el tango Cambalache de Santos Discepolo, los periodistas tenemos obligación de encontrar verdades. Las buscamos de todas formas, soportando el que se nos diga chismosos o intrigantes, que se nos acuse de calumniadores o sensacionalistas, todo esto podemos  soportarlo pero lo que nunca podemos aceptar es que se diga que de manera directa o indirecta estamos propiciando el pesimismo colectivo porque ventilamos públicamente las distintas lacras existentes en nuestra sociedad.



                        Por todas estas razones lo medular en el ejercicio  del periodismo, por encima de las técnicas de información, del manejo eficiente de herramientas sociológicas y sicológicas, es la ética. No puede existir buen periodismo sino está afianzado en normas éticas exigentes y altruistas. Es verdad  que pueden existir casos muy aislados de colegas que utilizan los altares de la opinión pública para satisfacer bajas pasiones o alimentar rencores, pero precisamente estas excepciones confirman la regla y esto lo saben todos los ciudadanos venezolanos, quienes se han refugiado en los medios de comunicación social como última trinchera institucional desde donde puedan lograr una intermediación eficiente en el marco de las relaciones societales.



                        Sí, es la ética el pilar insustituible donde descansa todo el andamiaje del periodismo. Actualmente observamos como las universidades cada día mejoran la calidad técnica de los Comunicadores Sociales, pero  no obstante en el ejercicio del periodismo en Venezuela se mantiene intacto el matrizado moral que el CNP recibió de la AVP. El periodismo que actualmente se practica en Venezuela está consubstanciado con el  clima de libertades republicanas que amparó el nacimiento de esta maltrecha Democracia, vulnerada y minusválida pero que aún así nos permite tomar estas tribunas para expresar los dolores intensos que nos produce  la incertidumbre, sin liderazgos morales que nos permitan retornar a la tranquilidad nacida de la confianza.



                       
                        Por eso los periodistas estamos obligados a una actualización constante, a mantenernos en sintonía caliente con los diferentes procesos de vanguardia que empujan aceleradamente la Historia hacia las incógnitas de este  tercer milenio. Los instrumentos de navegación hacia el futuro, más que en la especialización absorbente y muchas veces alienante, deben tener incorporados  las más remotas motivaciones que siempre han gravitado sobre el periodismo, esa  curiosidad infantil para  construir las preguntas más sencillas que permitan de igual forma respuestas sencillas para resolver con sabiduría y tolerancia muchos problemas que las confrontaciones ideológicas han problematizado.                      
                             Y es que gracias al periodismo que  hemos hecho a lo largo de esta penosa crisis, se han mantenido los soportes de la institucionalidad democrática, y esto no es retórica, porque precisamente hemos tomado la palabra del pueblo y con ella hemos atajado el desborde de los radicalismos. Con la palabra del pueblo, por la palabra del pueblo, aún existe democracia. Los políticos es posible que hayan ganado muchas batallas, pero el pueblo ha ganado la batalla de gritar su rabia y su indignación frente a quienes han  traicionado la confianza colectiva.



                                  Con esta fuerza con la cual nos inviste la misión de luchar por la igualdad ciudadana podemos los periodistas escapar de las trampas actuales donde se plantean  falsas antinòmias. No podemos defender un sistema colectivista que busca retrocedernos a las cavernas de la Historia pero tampoco asumir como único refugio de la libertad y dignidad un modelo económico que está acabando con el planeta.



                                        La solución está frente a nosotros, la tiene el sentido común de ese pueblo del cual formamos parte. Un pueblo que ha logrado transcender las emboscadas ideológicas de uno y otro bando político y apuesta su destino al cumplimiento estricto de una Constitución dentro de la cual la dignidad individual y la justicia social son los factores básicos sobre los cuales construir un camino colectivo que nos libere del actual laberinto de amenazas que nos oprime. jorgeeuclides@gmail.com       



  PERIODISMO EN CARORA



                           En Carora estos conceptos bien generales sobre el periodismo y la política  no están fuera del temario local,  y es que Carora tiene un clima de universalidad que no se puede disimular  tan fácilmente ya que detrás de la aparente  campechanería que nos caracteriza existe una filosa sagacidad que desviste de ropajes artificiosos las más refinadas  expresiones de verbalidad churrigueresca...



                        Esta facultad de ser profundamente orgullosos y soberbios dentro de un caparazón de modestia,  algo que puedo decir sin peligro de molestar a nadie simplemente porque es una verdad que se pone en evidencia de manera cotidiana y fácilmente perceptible, es un atributo que colabora eficientemente con la facultad de análisis crítico que con tanta generosidad repartió Dios entre nosotros. Además, con mucho tino me lo dijo  hace años Cheche Montesdeoca Martínez, los caroreños somos una especie de cofradía donde la mutua tolerancia se impone  sobre cualquier desnivel socioeconómico.



                        Con todo esto quiero significar que ser periodista y ser caroreño es algo muy ventajoso porque las primeras lecciones de la profesión las recibe  uno desde muy niño. En Carora desde su fundación vive el Diablo Cojuelo metiéndose todo el tiempo en la vida del vecindario y por si esta cualidad tan nuestra no bastara tenemos el buen juicio de indagar muy bien sobre los forasteros que nos visitan... ¿De dónde es usted?,.. ¿Cuándo llegó?.., ¿Cuál es su familia?.., ¿En qué trabaja? Como pueden ver, los caroreños todos somos en nuestra cotidianidad excelentes  periodistas.



                        Pero si bien la caroreñidad nos provee de  un aprendizaje temprano en materia de indagaciones, es también  verdad que el arte de la escritura, y el periodismo está entroncado en la escritura, compromete a todos los periodistas caroreños a exigencias graves e ineludibles. Carora es la tierra de Chío Zubillaga, de Alí Lameda, de Luis Beltrán Guerrero  para citar solamente tres figuras tutelares de nuestras letras, semejantes a ellos  han existido talentos prodigiosos que han hecho de la palabra saetas cristalinas portadoras de verdades reveladoras. Si señores, ser periodista en esta tierra es abrirse paso por senderos de dolorosas incertidumbres para darle un nuevo corazón a la esperanza...

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