Quienes estudiamos en la Escuela de Comunicación Social de la UCV entre los años sesenta y setenta del pasado siglo 20 disfrutamos de unos profesores que antes que por sus meritos académicos, que los tenían en grado superlativo, destacaban por su calidad moral e intelectual. Recordados en panorámica lucen ahora como una cofradía de impolutos maestros castalios que hacían de la enseñanza del periodismo una misión humanista que tenía como meta el rescatar la verdad dentro de las marejadas furiosas del incesante auge mediático.
Las clases de Héctor Mujica eran así un recorrido literario por las ideas y pensadores de Europa y América, con citas perfectas en ingles, francés. Italiano, portugués y ruso, idiomas que dominaba con pulcritud de traductor. La clase era de Teoría de la Comunicación pero él la convertía en un paseo por las claves culturales del mundo occidental con el objeto que pudiéramos entender que la verdad estaba en el compromiso ético antes que en las formulas y técnicas de indagación y redacción.
Jesús Sanoja Hernández era la enciclopedia de la historia política venezolana, dotado de una memoria prodigiosa siempre daba respuestas precisas ante cualquier consulta y frente a cualquier duda estudiantil contaba con un archivo personal extraordinario que generosamente ponía a disposición de los alumnos.
Jesús Rosas Marcano era el sabio jovial a quien ni siquiera muchos años en Paris le hicieron perder su festivo hablar margariteño. Sus clases eran rigor metodológico y vuelo poético al mismo tiempo, gran lector de la Biblia y devoto de la Virgen del Valle, como casi todos sus colegas era militante consagrado de aquella honorable y romántica izquierda universitaria.
De todos y cada uno de estos profesores pudiéramos mostrar recuerdos enaltecidos y ciertos, Federico Alvarez, Pedro Espinoza Troconis, Juan Páez Ávila, Fausto Izcaray, Luis Aníbal Gómez. Manuel Isidro Molina. Rubén Chaparro Rojas, Alexis Marques Rodríguez, Cheito Herrera, Héctor Malave Mata, Ramón Escovar Salon, Margarita Damico, Rafaela Bimbo, Gloria Cuenca, Adolfo Herrera, Luis Cipriano Rodríguez, Guillermo Indacoechea, Horacio Vanegas, Lenin Molina, Pedro Duno, Adriano González León, Carlos Augusto León, y asi muchos otros que escapan a la memoria.
Para aquella época la inmensa mayoría de periodistas en ejercicio no eran egresados de alguna escuela de Comunicación Social por ello las referencias que teníamos sobre la vida profesional estaban circunscritas a un reporterismo donde la ética de la AVP (Asociación Venezolana de Periodistas) era un ejemplo a continuar, nos obstante que la universidad pudiera dotarnos de un instrumental académico que le abriera nuevos cauces teóricos y procedimentales a nuestro ejercicio profesional.
Y la figura emblemática del coraje y la consecuencia avepista era Eleazar Díaz Rangel. Licenciado en periodismo, profesor universitario, preso político, profesional exitoso, era Eleazar Díaz Rangel una persona respetada cuyos trabajos para develar verdades detrás de las manipulaciones de las grandes agencias internacionales le hicieron una imagen, legitima y sostenida en hechos, de periodista insobornable frente al dinero y los halagos del poder.
Todo este capital moral y profesional lo puso Eleazar Rangel el pasado domingo a favor de la tesis que sostiene que en Libia no existe una convulsión interna que ha originado centenares de muertos y que todo es una especie de confabulación imperialista de las grandes agencias noticiosas con el objeto de que las grandes potencias económicas le roben a Libia sus reservas de petróleo extraliviano.
Pudiera uno asumir que esta posición de Díaz Rangel es una quijotada titánica que está en sintonía con su trayectoria de defensor de los débiles, pero el problema es que pareciera hacerle coro a quienes como nuestro Presidente Chávez le hacen piso al criterio que en el fondo de todo este conflicto lo que hay es una intención colonialista en contra de un pueblo soberano, sin importar que los manifestantes libios que reciben balas, insultos y amenazas sean muchedumbres mayoritarias de ese pueblo que está cansado de un gobernante con poderes absolutos que tiene más de 40 años manejando el `país según el dictado de sus caprichos personales.
No considera Eleazar Díaz Rangel que la Liga Árabe haya suspendido a Libia por considerar que allí se están violando Derechos Humanos, no importa que el Consejo de Seguridad de la ONU, con el voto de Rusia y China, miembros permanentes con derecho a veto, hayan aprobado sanciones contra Gadafi, no importa que miles de testigos que observan directamente el genocidio informen de manera instantánea al mundo lo que allí está sucediendo.
Se pregunta uno, que siente el periodismo como un ejercicio ético ¿Qué verdad está defendiendo Eleazar Díaz Rangel? Muchos periodistas le guardamos respeto y reconocemos su trayectoria como un luchador a favor de causas justas. Pero indudablemente jugarse todo su prestigio para hacerle el juego, aunque sea involuntariamente, a quienes desconocen que en Libia existe un caos político producto de una rebelión que busca vías democráticas para salir de un cruel nepotismo, es algo que desconcierta.
Lamentablemente de todo hemos visto en los últimos años y a todo de manera terrible tenemos que acostumbrarnos. Desconcierta la posición de Díaz Rangel porque hasta hace poco tenía una visión neutral que servía de puente entre radicalismos autistas. Pero al parecer mantener este equilibrio se le hizo muy difícil y sucumbió hacia parcialidades sin regreso. Lamentable.jorgeeuclides@gmail.com
TERRITORIO CAROREÑO
La Escuela de Comunicación Social de la UCV para estas décadas del sesenta y setenta era claramente un territorio dominado por caroreños.Entre los profesores de mayor prestigio estaban paisanos. Héctor Mujica. Federico Alvarez, Juan Páez Ávila, José Herrera Oropeza “Cheito·, Fausto Izcaray, conformaban algo así como un bastión regional dentro del cuerpo docente de la institución.
Junto a ellos pero como estudiante se encontraba Socorro García Alvarez, quien parecía una tormenta de inquietudes profesionales y destacaba como una de las alumnas de mayor fuste gremial, vocación que concretó felizmente en el auge que le dio al CNP de Lara durante muchos años, algunas veces como Secretaria General y otras como tutora de jóvenes talentos. También destacaba como figura legendaria Juan Antonio Aldazoro González, quien paseaba por todos los pasillos universitarios un inmenso bulto donde guardaba papeles secretos de sus aventuras como comandante guerrillero. Aldazoro era estudiante pero en la escuela y toda la universidad se le consideraba un icono de la izquierda subversiva y por ello tenia entrada franca desde el rectorado hasta las células conspiradoras que hacían vida clandestina en la UCV.
Algún tiempo después se incorporo como estudiante Enrique Meléndez, a quien reconocían por su primer nombre de Milton, seguramente para hacerle honor a sus cualidades de poeta místico como lo fue su homónimo ingles y autor del Paraíso Perdido.
Aprovecho estas reminiscencias nostálgicas para presentar queja sobre el olvido que hemos tenido los periodistas caroreño en torno a la vieja propuesta de fundar en Carora una casa de cultura popular con el nombre de Héctor Mujica.
La idea era y es crear un espacio de encuentro cultural entre el pueblo y los profesionales del arte, la literatura, y por supuesto el periodismo. Esta casa debe tener una sala de lectura y un salón para el análisis crítico de la historia caroreña.
Cuando Javi fue Alcalde se comprometió en auspiciar esta iniciativa pero nada se logro, luego Gilmer Graterol quedó comprometido a perseverar en el esfuerzo y hasta los momentos la idea es solamente un recuerdo. Ingratos que somos.
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ResponderEliminarHola, buen escrito, es muy grato, además acerca a la memoria
ResponderEliminarpropia momentos, personas valiosas, y lugares comunes, placenteros y eternos, mi objeción es que, no hace enfoque correcto, ni valor real y serio de la delicada función de correaje guerrillero de personas importantes y sin dobleces a las que menciona, y minimiza: "paseaba por todos los pasillos universitarios un inmenso bulto donde guardaba papeles secretos de sus aventuras como comandante guerrillero", como si hubiese sido un juego caprichoso, pero eso queda en usted, en su manera, cada quien como es, imagino que es usted a quien en esos tiempos apodaban como "el gordo Ramírez", Agradecida con lo placentero de su escrito. Yamila Aldazoro.